Entrevistas


Estar con ustedes es como estar conmigo mismo

Entrevistó: Eva Balart, AVANT, España.
27 de junio del 1991

¿Cuál es el sonido y la trova de este tiempo?

No puedo saberlo. El sonido, obviamente, es el que imponen los que rigen el mundo del sonido y de los gustos, que son los que tienen el poder de los medios masivos de comunicación internacionales, las transnacionales anglosajonas, eso está clarísimo. Hay algunas cosas alentadoras como lo que ha pasado con Juan Luis Guerra y con otros salseros o exponentes de la música del Caribe, pero ha sido también a través de esas transnacionales. Lo que se impone es el sonido que proviene del rock y del jazz, el sonido fusión, que por otra parte también es obvio que en los últimos años, sobre todo quizás los músicos más inteligentes de lo que es el pop, se han dado cuenta de que es un sonido bastante agotado y están buscando –como en otros tiempos otros músicos inteligentes ingleses, que fueron los Beatles–, en las culturas del Tercer Mundo. En este caso en lo que se está haciendo en África, como puede ser el caso desde hace algunos años de Peter Gabriel, y más recientemente de Latinoamérica, como puede ser David Byrne.

¿Cuál ha sido la evolución de Silvio cantautor?

En realidad, como cantautor está a través de las canciones que hago, ni más ni menos. Pero hay una ligera diferencia entre las canciones que hago y cómo las expongo, que ese es otro tipo de evolución, o más bien otro tipo de incidencia en determinado momento puede ser una involución y me refiero a que siempre estoy trabajando con grupos diferentes, cosa que matiza siempre de alguna forma, por el sonido del grupo con el que trabaje, lo que estoy exponiendo en ese momento. Por ejemplo estuve trabajando desde el 85 hasta el 90 con Afrocuba, hice dos discos con ellos. Acabo de leer a alguien que dice que mi producción, que mis canciones se habían detenido, se habían estancado. Qué curioso, no es la primera vez que leo a un cronista español que dice algo parecido. En otros casos, otros cronistas dejan ver, detrás de esas opiniones un poco negativas, ciertos prejuicios políticos, por las posiciones políticas que siempre he mantenido yo. Y en este caso es todo lo contrario: es una persona que admira mis posiciones políticas pero considera que los discos que hice con Afrocuba representan un estancamiento. Y te decía que es curioso, porque ese período de trabajo con Afrocuba me posibilitó una comunicación tremendamente multitudinaria con mi país y con muchos países de América Latina, incluso con la misma España. Porque si mal no recuerdo hace dos años, cuando vine con Afrocuba, en el Rocódromo se metieron como 20.000 personas, y sigo pensando que es algo curioso. En todo caso, es algo sobre lo que tendría que reflexionar –si lo que dice ese muchacho es cierto–, cómo el público lo puede percibir de otra forma. Creo que estoy muy cercano a mi trabajo más reciente como para analizarlo con objetividad y con suficiente distanciamiento como para poder ser verdaderamente justo. Cada día me enfrento a un trabajo diferente y lo emprendo con el mismo entusiasmo, con los mismos principios de no traicionar el rigor artístico, poético, musical, tratar de hacer buena música, buenos arreglos, buenas canciones, buenos textos. Indudablemente tampoco se puede acertar todos los días, es muy difícil ser omnípodo en materia artística, casi en todas las materias del universo (sonríe).

Estás trabajando con un nuevo grupo dirigido por Oscarito Valdés…

Ahora vengo con un grupo diferente, que se llama Diákara. Son muy buenos músicos. Casi todos, como sucedía con Afrocuba, son graduados de estudios superiores de música, algunos vienen de trabajar con excelentes agrupaciones cubanas, como Irakere, o la misma Afrocuba, y por supuesto que no tenemos un trabajo de mucho tiempo juntos. No sucede lo que pasó cuando llegué aquí con Afrocuba: que ya hacía bastantes años que teníamos un trabajo mucho más depurado, más pulido en todos los aspectos: la unión de trovador y orquesta. Aún así me parece que es un trabajo también interesante. Por lo menos para mí lo ha sido.

¿Qué canciones te han provocado más sufrimiento en el proceso de creación y te han satisfecho al ver el resultado final?

Las que cuando las termino pienso que he hecho una basura y luego, un día, se me ha ocurrido cantárselas a la gente y se han convertido en grandes hits. Eso me ha provocado un gran sufrimiento y un gran desconcierto. Es una cierta manera de sufrir el desconcertarse, porque no sabes que hacer ni que pensar sobre una cosa. Y para ponerte un solo ejemplo, te voy a decir una: Canción urgente para Nicaragua. Cuando la terminé, me dije: “qué basura, yo no me atrevo a cantarle esto ni a los nicaragüenses ni a nadie”. Y así la tuve escondida dos años. Guardada no: escondida. Porque no quería ni que se supiera que la había hecho. Y un día, con copas, en mi casa, había nicaragüenses y cubanos, y yo no sé de donde saqué valor, o parece que las copas me alteraron, y toqué la canción. Todo el mundo se puso a bailar, preguntándome desde cuando tenía esa canción, cuándo la había hecho, que debía cantarla… Eso me alentó a cantársela a otros y a otros, y a todo el mundo le sucedía lo mismo, y cuando la orquesté y la grabé se transformó en una canción que fue un hit en todos los lugares donde la toqué. Todavía no puedo salir al escenario sin que miles de personas me pidan Canción urgente para Nicaragua, y eso es sorprendente, sobre todo para mí.

Dices tener poco tiempo para componer canciones, un proceso ya de por sí doloroso para el poeta ¿Cómo lo llevas?

Lo llevo con el mismo rigor que me lleva el tiempo, el trabajo, los compromisos. Por una serie de características no puedo hacer como hacen determinados músicos en el mundo. Por ejemplo: de retirarme dos o tres meses a un sitio a componer; eso yo no lo puedo hacer, por la misma realidad de Cuba, por las mismas condiciones en que yo vivo. Y no me estoy quejando, porque me he acostumbrado a trabajar con esa limitación, si se quiere, y ya te digo, cuando logro hacer un lote de canciones muchas veces no me doy cuenta de lo que he hecho. Luego la gente, en definitiva, es quien califica: los críticos, el público… Pues la que bailan o la que cantan más es la que más gusta, y la que más menciona la crítica. Muchas veces no coincido ni con el público ni con la crítica y no me queda más remedio que tragarme mis opiniones.

También produces discos de otros artistas…

Mi trabajo de producción de otros artistas está generalmente en dependencia del tiempo de cuando me atrapan en Cuba con tiempo para esto. Ahora mismo llevo un año y medio coproduciendo –y digo medio porque no me he podido dedicar a tiempo completo– el primer disco de un grupo que es una escisión de Afrocuba y que se llama Cuarto espacio, un grupo eminentemente instrumental. Son cuatro y me parece que hacen un trabajo muy interesante. Pero por ahí les debo la producción de un disco a varios trovadores jóvenes.

¿Cómo se enfoca en la actualidad el componente político e ideológico de la canción para que no decaiga la conciencia de la revolución?

En la actualidad en Cuba hay una nueva generación que es muy crítica con la sociedad y al mismo tiempo es reafirmativa. Algunos no ven esta segunda parte, algunos sólo ven lo crítico. Cuando te digo algunos te hablo de quienes esperan que sea solamente crítica, que sea revolucionaria esa generación, y también de otros que temen que sea solamente crítica y contrarrevolucionaria.

Yo pienso que sucede un poco como pasó con mi generación, que nosotros comenzamos también cantando de una forma muy crítica. Después empezamos a llamarle autocrítica, porque como nos sentíamos corresponsables de la sociedad y asumíamos la revolución como una cosa nuestra, criticar nuestro mundo era criticarnos a nosotros mismos.

Y yo pienso que es reafirmativa, también, esta nueva generación, porque no conozco ni una sola canción, según mi modo de pensar, que sea contrarrevolucionaria. Son canciones que a veces son muy duras con errores que se cometen, con cosas del pasado que tienen que cambiar con transformaciones que es obvio –para muchos– que tienen que ocurrir dentro del proceso revolucionario, dentro del socialismo; y que los que esperan que se caiga la revolución le ponen velas a los santos para que estas canciones sean contrarrevolucionarias. Los más ortodoxos defensores de la revolución también ven estas canciones sin esperanza.

Es curioso que esos extremos coincidan en una forma de analizar un fenómeno artístico generacional. Yo pienso que todos estos cantores son cantores de la revolución también, son cantores jóvenes, están haciendo la canción de su tiempo, corriendo los riesgos que cada cantor tiene que correr, que cada hombre tiene que correr con su tiempo, y me parece muy bien que eso suceda.

En tus canciones siempre has expresado el amor y la esperanza en el ser humano. ¿En estos momentos sigues conservando esa fe?

Una de mis últimas canciones se llama Venga la esperanza, parece que soy un poco cabeciduro en eso…

Por último, ¿qué significa para ti actuar en nuestra Festa d’Avant?

Imagínate tú, yo no pertenezco a ningún partido pero obviamente simpatizo mucho con los comunistas, de hecho fui joven comunista cuando tenía 15 años. Me botaron por indisciplinado.

Yo nunca he sido muy disciplinado, no creo que pueda ser con facilidad un hombre de partido. Es probable que sea una comodidad mía, pero en todo caso me siento revolucionario y me basta. Trato de ser consecuente con eso. Y estar con ustedes, que están con nosotros, es como estar conmigo mismo o como con parte importante de mí mismo.