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Del amor y la revolución con Silvio Rodríguez


18 de abril del 2016

Por: Xavier Cervantes
Fuente: ARA
Foto: Manolo García

La gira de Silvio Rodríguez que ayer pasó por el Palau Sant Jordi tiene un significado especial, porque lo alimenta el repertorio de un disco titulado Amoríos (2015), formado por canciones que compuso entre 1967 y 1980 y que hasta ahora no había registrado, y no porque sean menores. Predomina en él la temática amorosa, pero lo más relevante es la ternura y la firmeza con la que el Silvio Rodríguez de 69 años canta lo que escribió cuando era joven. Ya lo dicen, que sin amor no hay revolución. De hecho, las canciones del trovador cubano siempre se han tejido con ambos hilos, el del amor y el de la revolución, que forman uno solo.

Así lo entendió el público que siguió el concierto, todo el mundo sentado. Cuando Rodríguez cantó el verso "al buen revolucionario sólo el mueve el amor ", de la canción Tonada del albedrío, el aplauso fue bien sonoro. Era al principio la actuación, y marcó el tono emocional de una noche magnífica musicalmente y vibrante por la respuesta del público, cariñosa siempre, especialmente cuando sonaron clásicos de su cancionero como La mazaOjalá, que puso muy alto el nivel de los bises, Quien Fuera o La gota de rocío, la pieza que regaló como extra después de dos horas y media de concierto y cuando las luces del Palau ya estaban encendidas.

Silvio Rodríguez dice que cada uno es hijo de sus circunstancias. Las suyas tienen un peso histórico bastante relevante: la Revolución Cubana. Sin embargo, es cualquier cosa menos un inmovilista, consciente de que la realidad, como su música, es dinámica. Esto es lo que se está debatiendo ahora mismo en Cuba, donde estos días se celebra el congreso del Partido Comunista que determinará el futuro político de la isla. Rodríguez no es ajeno a este debate, como demuestra en su página web, un espacio fértil en información y reflexión cultural y política. Por ejemplo, a raíz de la visita de Obama a Cuba, pidió a la familia qué pensaba del cambio en las relaciones con Estados Unidos. En las respuestas, cada uno aporta un matiz al debate, pero todos coinciden en un concepto clave: el respeto. O dicho de otro modo: que Cuba, pase lo que pase, no sea sometida.

Rodríguez encarna la canción digna, enraizada en la convicción y respetuosa con la tradición propia y con las tradiciones de otras culturas que él ha incorporado a su música. Sólo hay que ver la instrumentación del concierto de ayer: por un lado, la del cuarteto de jazz con el que ha grabado Amoríos, y por otro, la del trío Trovarroco, una formación que nació para tocar repertorio barroco con el color característico del tres cubano, que ayer hizo brillar, y de qué manera, Maykel Elizalde. Y todo ello iluminado por la flauta y el clarinete de una Niurka González espléndida en todas las intervenciones.

Trova cubana de cámara

Con unos y otros, a veces por separado y otras todos juntos, construyó un discurso musical variado, desde la rumba de Día de agua, con el pianista Jorge Aragón conduciendo el arreglo hacia el jazz, hasta el folk de Tu soledad me abriga la garganta y el color baladístico de Qué poco se conocerte. Trova de cámara con chispas jazzísticas, música delicada y expansiva vez, ayer bien sonorizada pero con una pega: si no estabas en las primeras filas era complicado ver qué pasaba en el escenario, porque en las pantallas laterales no proyectaron un solo primer plano de los músicos. Quizás el recinto era demasiado grande. Sin embargo, nada grave dada la reacción que provocan las canciones y las palabras de un Silvio Rodríguez que en los bises puso la piel de gallina interpretando Unicornio, a solas con la guitarra cuando ya llevaba más de dos horas de concierto. Sensibilidad y también humor, como cuando recordó a Ana Belén Montes, la analista estadounidense encarcelada en Estados Unidos bajo la acusación de espiar a favor de Cuba. "Espía? Para nosotros, una benefactora", dijo con coña.

 

Versión original del artículo en catalán:
De l’amor i la revolució amb Silvio Rodríguez