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Del concierto número 73 de la gira de Silvio por los barrios


12 de marzo del 2016

Por: Patricia B. Alvarez
Fotos: Gillen G. Ureta

Del concierto número 73 de la gira de Silvio por los barrios se pudiera decir lo mismo que de otros tantos que han quedado atrás: niños que corren, miran, preguntan, cantan… madres que cargan a esos niños que corren y miran y preguntan, y cantan (ellas también). El concierto número 73 en sí mismo no encierra ninguna connotación especial, ni la fecha se escogió para conmemorar nada. El concierto número 73 de la gira de Silvio por los barrios pudiera ser, a simple vista, un concierto más de la gira. De la misma manera que el Reparto Eléctrico pudiera ser un barrio más, que se pudiera describir con las mismas palabras que bien describen a otros tantos barrios: perros, charcos, calles sin asfalto, polvo, mucho polvo. Sin embargo, es un barrio más joven que otros a donde ha llegado la gira. Silvio lo vio nacer por allá por los años 60 cuando pasó el servicio militar muy cerca de allí, y esta noche vio que ese barrio joven estaba lleno de jóvenes.

Para los jóvenes (y no tan jóvenes) vecinos, este no fue un concierto más de la gira de Silvio; este fue EL concierto de Silvio en el barrio que los define. Es por eso que aquella niña que se sabía de principio a fin Pequeña serenata diurna y La era está pariendo un corazón tenía que estar en primera fila, por lo mismo que esa señora tuvo que sacar de casa su edición (amarillenta, muy vieja) de Que levante la mano la guitarra para que Silvio se la dedicase… porque Silvio volverá a cantar en otros barrios, quién sabe si de nuevo -algún día- en el mismo Reparto Eléctrico, y los vecinos lo agradecen porque no saben cuándo la Plaza Joven -la del mercadito y la panadería- vuelva a ser escenario de otro concierto, ni cuándo la escuela primaria vuelva a recibir otra donación de libros.

Y uno sabe que el barrio lo agradece porque el barrio tiene miradas, y tiene brazos que se abren, y niños que saben bailar con el swing de Roberto Fonseca y su Temperamento, y voz. El barrio tiene voz. La misma voz que no permite que Temperamento baje del escenario sin que Roberto diga su nombre (porque saben que lo que han visto no es cosa que se vea todos los días). Esa voz, además, sabe hacer muy bien los coros a Ángel para un final, Unicornio y Ojalá… y le grita a Silvio que lo quiere, y le pide que no se vaya, que cante otras, las preferidas del barrio. Y Silvio complace. Y uno vuelve a repasar las miradas y las sonrisas -las del público y las de los músicos que todavía están en escena- y comprende que, afortunadamente, no todos los ángeles anuncian finales.

La gira seguirá, y el concierto número 74 será tan especial como este.